El Poder del Pensamiento Cristiano (N0. 2 de varios)
“Todos los mandamientos en esta sentencia se resumen: Ama a tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo.”
Posteriormente los apóstoles de Jesús, contrario a lo que se pudo pensar, jamás rebajaron tanta entrega y dedicación. Al contrario, continuaron radicalizando el concepto del amor. Pablo lo demostró, dijo: “Voy a enseñarles un camino más excelente.” -Y siguió-: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue…” -Y matizó con más fuerza aún al final-: “Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.” 1 Cor. 13-Sin comentarios- Juan, llamado una vez hijo del trueno y luego apóstol del amor, también dijo lo suyo: “Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en el”. Agregó aún otros preceptos y prácticas y con ellos mató el miedo, mediante una fórmula hasta entonces impensada: “En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto hecha fuera el temor.” “El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor.” 1 Juan 4. Lo que el cristianismo aportó a la práctica del amor, es un sustancial cambio que implica tanto las formas como el fondo. Hizo un viraje excepcional y partió en dos el concepto y la praxis vivencial. Separó el amor, el verdadero, de la caricatura. Separó lo sublime de esa pseudo forma sin contenido con la que nos engañamos las más de las veces. Por mucho la humanidad ha practicado una cuestión amorfa, sin rostro, sin sustancia, sin belleza. Una cosa que embarra, que ensucia lo bello, que pervierte lo sublime. Algo que ya no es amor, que se acaba cuando llega un pleito, cuando no me gusta tu olor, ni tu sabor. Que se diluye cuando la belleza se extingue. Que se acaba cuando otro cuerpo pasa y nos vamos tras esa mirada que atrae, traicionando lo que una vez juramos amar. Nosotros, los humanos hemos preferido hacernos devotos de lo que se cansa. De un supuesto amor que hoy es y mañana no me acuerdo. Es una cosa. Es una vaina. Es un fastidio. Es una perdida. Y mientras, el pensamiento cristiano nos ha estado hablando de un amor sin vicios, sin dobleces, sin agendas escondidas. Un amor que perdona. Que perdura. Que ennoblece y no empequeñece. Un amor que no se avergüenza. Un amor que no critica. Que no aniquila las posibilidades del otro ser. Un amor de principios. Un amor tipo roca, que se fortalece con los golpes del agua. Un amor tipo roble que se fortalece cuando pasa el tiempo. Un amor que calienta cuando el frío del miedo y de la muerte muerde. Un amor que acompaña cuando la soledad pica la piel y el alma. Un amor que cubre cuando la necesidad nos desnuda. Un amor que envuelve y llena de significado cuando la vergüenza ataca. Un amor que deja la comodidad para acomodar a quien lo necesita. Un amor que no solo ve placer en cuerpos cincelados y perfectos, sino que también ve la verdad de cada ser humano. Un amor que deja al otro ser y hacer sin miedo a ser anulado. Un amor que da y no quita. Un amor que no compite. Un amor que lucha. Un amor que vive y triunfa! El pensamiento cristiano siempre estará vigente, porque ese tipo de amor seguirá vigente. Y El vigente es Dios. Y Dios es amor!
Continuará...



